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lunes, 18 de agosto de 2014

El rey de los actores porno

Publicado 2003-04-14


"Con ustedes la gran estrella del porno mundial... Rooooon Jeremyyyy", grita en inglés una voz en off. Pese al entusiasmo del locutor ?al mejor estilo de las peleas de boxeo organizadas por Don King? acá el público no ovaciona. Apenas aplaude. En realidad, en todo el cabaret solo hay cinco espectadores. Cinco almas errantes de Nueva York que han entrado al Legz Diamond's para pasar la noche mirando bailarinas, poniéndoles dólares en las ligas y recogiendo húmedos recuerdos para llevarlos a la casa vacía. Con ese panorama en mente, ninguno parece demasiado entusiasmado con la presencia de Ron Jeremy sobre el escenario y, mucho menos, con la idea de que todo lo que acá ocurra será grabado como material de una próxima película triple X.

El actor más famoso del porno estadounidense toma el micrófono y antes de hablar se queda escuchando el alarido eufórico de todas las strippers del local. Rubias, morenas, pelirrojas, todas de piernas brillantes, tacos altos, colas respingadas y dientes que se ven azules con la luz ultravioleta. Ellas son las más emocionadas. Mal que bien, Ron además de actor es director y productor del género, y siempre va recorriendo clubes en busca de la próxima gran estrella porno. Cualquiera de ellas puede ser esa chica que de bailarina de un perdido club de Manhattan saltará, gracias a la cámara de este gordito con bigotes, a la casa propia con jacuzzi de mármol negro, al Corvette blanco con asientos piel de cebra, al armario con quince juegos de zapatos altos y a su cara desplegada en todos los sex shop del planeta.



Un camarógrafo con pulsera de oro graba con su digital todo lo que pasa dentro del club. La historia es la de un comediante, Ron Jeremy, y su peregrinar por diferentes cabarets de desnudos. No es necesario que a uno le digan que las mejores escenas serán grabadas en los camarines o en el baño de un hotel. Es obvio. Y ahí está el camarógrafo, apuntando a la concurrencia para darle ambiente al filme.

En eso, el lente enfoca hacia el lugar donde estoy sentado y por un segundo, un eterno segundo de grabación, me siento parte del negocio. Soy un extra en la próxima película de Ron Jeremy. Formo parte, aunque sea por unos breves instantes, del porno business americano. De esa industria que factura tantos millones que ni se pueden calcular y donde todo, finalmente, es mucho más normal y corriente que ese glamour kisch con que se autopromociona mundialmente esta industria.

X


Hay muchas maneras para llegar a salir en una cinta porno. Ron, por ejemplo, llegó a su primera película en 1978, cuando su novia mandó una foto de él ?sin ropa y de piernas abiertas? a la sección amateur de la revista Playgirl. La polaroid se publicó a un cuarto de página, pero fue suficiente para que a los pocos días los productores porno tomaran contacto con Jeremy.

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Para hacer mi debut como extra porno, en cambio, más que el tamaño y el grosor, lo importante fue la fortuna. El azar quiso ponerme frente a las cámaras, en una seguidilla de casualidades que se iniciaron esta mañana. Acababa de salir de un cibercafé y caminaba tranquilo cerca de Times Square, la zona más repetida de Nueva York. Y ahí estaba, entre turistas de todo el planeta, vendedores ambulantes y neoyorquinos paranoicos. Andar solo, mirando el suelo y con las manos en los bolsillos, en un lugar como Manhattan, suele ser sinónimo de algo raro. Quizás por eso, en menos de dos cuadras me habían pasado cuatro volantes de diferentes clubes nocturnos. También me vio cara de 'cliente' un tipo de pelo rojo que me pasó el panfleto del cabaret Legz Diamond's. A diferencia de las anteriores ofertas, acá se anunciaba con grandes letras y una pequeña fotografía la presencia de Ron Jeremy en el show de esta noche.

Jeremy estaba en la misma ciudad que yo. Uno de los grandes mitos de la industria triple X. El barrigón de bigotes infaltable dentro del género porno. Elegido por la revista Playboy una de las veinte personalidades más importantes de la contracultura en Estados Unidos. Una megastar, como decía el panfleto. Y junto a él Nikki Starr, recientemente elegida Miss XXX. La noche estaba armada.

XX


El cine porno tiene sus propios mitos. En el caso de las mujeres, uno de los íconos más conocidos es Linda Lovelace, protagonista de la más famosa película de todos los tiempos: Garganta profunda. La cinta de 1972 motivó una portada de la revista Time referida a la importancia de la pornografía en Estados Unidos y consagrando el género como parte de la cultura de este país. Por el fuerte impacto de la cinta, en esa época la prensa bautizó como 'Garganta profunda' a la voz anónima que desató el escándalo político Watergate, que costó la caída del presidente de los Estados Unidos Richard Nixon.
Hace pocos meses Linda Lovelace murió en un accidente automovilístico, a la edad de 53 años y tras liderar varias campañas contra la pornografía. Sin embargo, en 1974, durante el furor del filme que protagonizaba, Linda publicó The intimate diary of Linda Lovelace. En el prólogo del libro, Linda hace una advertencia jugando con el número de letras de la palabra porno: "Por lo que a mí se refiere, la única palabra obscena de cinco letras que conozco es m-a-t-a-r. Si hay palabras de cinco letras que le molesten a usted, no siga adelante. Váyase a comprar un número del Reader's Digest y que usted lo pase bien".

Ron Jeremy debe ser, hoy por hoy, el último gran emblema porno. Son las tres de la mañana cuando llego caminando a la dirección que llevo anotada en mi panfleto: el número 231 de la calle 54, en pleno Off Broadway. Durante el trayecto me he topado con vagabundos empujando carros de supermercado, camiones de basura en pleno recorrido, prostitutas de pelucas brillantes, taxistas con turbante y policías patrullando la noche. Todo muy neoyorquino. En la planta baja del número indicado hay un sex shop, que más bien parece tienda de artículos ortopédicos: esposas con cadenas largas, látigos con piel de cocodrilo, bolas de acero para vaginas anchas y cinturones con pene para las novias más dominantes. Para llegar al club nocturno tengo que subirme a un ascensor estrecho, que huele a bailarina y cuyas paredes están tapizadas con afiches de modelos en bikini y tetas brillantes. Cuarto piso. Stop.



"Son veinte dólares", dispara la solitaria cajera desde atrás de su vidrio blindado al mejor estilo de un taxista de Nueva York. Después de recibir y contar los billetes, la gorda de la caja hunde un botón y automáticamente la puerta eléctrica salta, dándome la bienvenida al mundo Legz Diamond's.

El sitio es grande y lleno de espejos. Aunque está oscuro, se siente que los sillones están cubiertos de felpa, que el suelo es una alfombra gruesa y que si no fuera por el aire acondicionado esto sería un horno. Para aumentar la temperatura, el primer impacto son las dos modelos que bailan sobre el escenario: muy juntas, muy brillantes, muy eróticas. Por entremedio de las mesas se pasea el resto de las strippers, tratando de que uno las invite por 20 dólares a una bebida y por 50 dólares a un rincón donde está prohibido tocar pero sí se permite que ellas te toquen. Te pasen la lengua por el cuello. Te acaricien delicadamente con sus uñas. Te pasen la rodilla por tu entrepierna. Te refrieguen sus pechos (la mayoría con silicona) por el rededor de tu nariz, para olerles ese perfume tan pegajoso y tan característico y que despierta los instintos más muertos hacia estas muchachas. Aunque ahí, otra vez te lo recuerdan, no se pueden tocar, no les puedes acordar un trato extra, no les puedes dar tu teléfono. Ni siquiera si les mientes diciendo que eres aquel esperado productor que, finalmente, las llevará de la mano hasta el siempre esquivo estrellato.

Mientras espero que aparezca Ron pongo un dólar en la liga de una rubia llamada Brenda y su pierna parece de mármol. Antes de entrar, imaginaba que el lugar estaría repleto y que la expectación sería la misma que despierta el rey del porno cuando se presenta en los clubes nocturnos de España o Japón. Hace unos años, en el Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona, Jeremy firmó más de quinientos autógrafos y dirigió un acto en el que 25 catalanes se masturbaron simultáneamente encima de una actriz alemana. Pero nada de esa euforia se despierta esta noche. En vez de llegar en una enorme limosina blanca, como podría esperarse, al parecer el megastar conduce el aporreado Chevy Nova café oscuro que más tarde, al salir, veré estacionado en la puerta.



"Ahí está", me avisa una de las bailarinas, mostrándome a un gordito que cambia las pilas de su micrófono inalámbrico. Es él, la figura más emblemática de los últimos años del porno norteamericano. La voz autorizada de los documentales Real sex de HBO. El mismo barrigón fofo de tantas cintas de video que circulan anónimamente de mano en mano. Un tipo que, además de haber actuado en 1.500 películas para adultos, ha hecho más de 50 cameos en distintas cintas comerciales (desde Jesucristo Superstar hasta la última Austin Powers, donde aparece bailando; llegando incluso a aparecer en alguna serie infantil de la Disney totalmente disfrazado e irreconocible).

Además, su experiencia como director de escenas de sexo lo ha llevado a ser consultor en cintas erótico-comerciales, como Nueve semanas y media y Boogie nights. Y aquí está. En vivo y en directo, donde se ve más bajo, más viejo y más simple. Parece más un taxista del Bronx, o un vendedor de salchichas del estadio de los Gigantes, o un tatuador de Queens.

Es precisamente en su figura donde se sustenta parte de su éxito: "Si ese gordinflón de rostro hinchado puede acostarse con las mejores chicas del planeta, yo también puedo", sería el mensaje subliminal que buscan despertar los productores al contratarlo.

Me le acerco, lo saludo, le palmoteo la espalda, le digo que quiero hablarle y me dice que ahora no, que luego, que está por subir al escenario, que están grabando una porno y que yo también participaré en la película porque el público aparecerá fugazmente en la grabación. Seré parte de la industria.

XXX


"Con ustedes la gran estrella del porno mundial... Rooooon Jeremyyyy" grita en inglés una voz en off. El actor más famoso del porno estadounidense toma el micrófono y antes de hablar se queda escuchando el alarido eufórico de todas las strippers del local. Rubias, morenas, pelirrojas, todas de piernas brillantes, tacos altos, colas respingadas y dientes que se ven azules con la luz ultravioleta. Un camarógrafo con pulsera de oro graba con su digital todo lo que pasa dentro del club. En eso, el lente enfoca el lugar donde estoy sentado y por un segundo, un eterno segundo de grabación, me siento parte del negocio. Soy un extra en la próxima película de Ron Jeremy. Formo parte, aunque sea por unos breves instantes, del porno bussines americano.


La rutina de Ron Jeremy sobre el escenario es un montón de chistes flojos sobre sus condiciones de semental. No es raro imaginar que en la post producción de la película pondrán risas grabadas, porque dentro del Legz Diamond's pocos se ríen con sus bromas. Uno de los asistentes le grita: "¡Bájate los pantalones!", y vienen las primeras carcajadas reales. Entonces Ron, la súperestrella, hace una seña de molestia, termina su rutina lo antes posible y anuncia la presencia de Nikki Starr: una rubia infartante que se desliza sobre la escena con todos los tics propios de una bailarina de desnudos.

-Ahora sí, ¿qué quieres?

-Una pequeña entrevista para Sudamérica. Allá eres muy conocido.

-OK... saludos para toda Sudamérica -me dice con distancia, mientras le hace señas a uno de sus productores.

-¿En qué andas, Ron?

"De gira. Durante este mes estaremos en Nueva York. Luego en Houston y al mes siguiente en Chicago. Estamos buscando nuevas estrellas y grabando una película donde aparecerán las chicas que vamos seleccionando.

Entonces Ron Jeremy Hyatt, nacido el 12 de marzo de 1953 en Long Island, Nueva York, licenciado en Educación diferencial y ex profesor de niños con problemas hasta que su novia mandó su foto a Playgirl, abre el maletín que lleva en su mano derecha. De adentro saca un alto de camisetas con su efigie de oso de peluche.

¿Quieres comprarme una camiseta...? -dice, sorpresivamente, porque así es el negocio y resulta que además de ser actor, director y productor, también funciona como su propia empresa de mercadeo y merchandising.

Ante mi poco entusiasmo, vuelve a la carga:

-Bueno, si no quieres camisetas tengo estos pósters a cinco dólares -y ahora me muestra un alto de fotos donde aparece acompañado de cinco rubias de tetas al aire.

-¿Qué más vendes?

-Por ahora solo traigo camisetas y pósters. Pero quiero empezar a vender chapitas con mi nombre y lápices con forma de, bueno, tú sabes... ¡penes!, ¡penes grandes! -y sonríe orgulloso.



En eso estamos, con su maletín abierto en una de las mesas del local, cuando aparece una bailarina menor de veinte años, escote abultadísimo, shorts brillantes, ajustados, y con todas las ganas del mundo de convertirse en estrella. Súbitamente la muchacha se lanza a los brazos de Ron.

-Te dejo, amigo -me dice Jeremy con una sonrisa pícara mientras parte agarrado de la cintura de la stripper en busca de un whisky a la barra.

Sobre el escenario, Nikki Starr, la otra estrella de la noche, esparce chocolate cremoso sobre su escultural anatomía dejando aturdidos a los tres espectadores que van quedando. Las cámaras la siguen de cerca y ella se toca suavemente, de arriba abajo, pone caras y sonríe coqueta, sin importarle que la sala esté semivacía, sin darle asunto a que acá dentro todo sea más decadente de lo que se podía esperar. Pensando, seguramente, más en esos tipos que han comprado la película y ahora la ven en sus casas, tranquilamente, que en esta perdida madrugada de Nueva York donde todo resulta un poco rutinario.



Antes de que sea tarde, vuelvo donde Ron Jeremy y le pido que nos tomemos una foto. Me dice que adentro del local está prohibido (lo mismo me había dicho mucho antes uno de los productores), pero que no tiene problemas en sacársela afuera.

Y aquí estamos, posando junto al vidrio blindado de la boletería. Ron está de buen ánimo y con la luz del exterior se le nota el polvo del maquillaje y las arrugas del tiempo y en su cabeza teñida las marcas de unas raíces canosas. Con luz normal se ve el bigote mal recortado, su sonrisa tímida y esos ojos esquivos que seguramente le brillaron cuando los productores porno lo llamaron a casa luego de aparecer en Playgirl y el futuro era una sola y muy larga ilusión.

Unos segundos antes de estallar el flash, Jeremy me dice en voz baja y muy serio: "Son diez dólares, amigo. Esto te costará diez". Le devuelvo la broma con una sonrisa, pero insiste en mirar serio y repite, "son diez dólares. Yo vendo todo, amigo". Y ahora, como nunca en todas las películas en que lo vi participar, sus palabras me parecen de verdad convincentes.

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http://blogbybeckett.blogspot.com.ar/2011/01/ron-de-jeremy.html
http://daveformen.blogspot.com.ar/2013/10/ron-jeremy-sucking-his-own-cock.html
http://porn-masturbation2.blogspot.com.ar/2011/11/classic-pornstars-ron-jeremy.html
http://porn-masturbation2.blogspot.com.ar/search/label/Classic%20Pornstars
http://sharkjabez.blogspot.com.ar/2014/01/of-porn-nina-hartley-and-ron-jeremy.html
http://www.soho.com.co/sexo/articulo/el-rey-de-los-actores-porno/3547
http://www.soho.com.co/sexo/articulo/franceska-jaimes-la-novia-de-nacho-vidal/4993
https://www.youtube.com/results?search_query=ron+jeremy&lclk=hd&filters=hd
https://www.youtube.com/user/brokencrutchproducti/videos
https://www.youtube.com/user/SpokenRAD/videos

El mejor crítico de cine porno se destapa

¿Quién dijo que la crítica de cine porno no es todo un género? Le presentamos a Lucas Soler, un hombre que ha visto más de 3000 películas y escrito 400 textos sobre ellas. Entrevista con un hombre que ve en el porno, más que sexo, todo un arte cinematográfico.

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Lucas Soler habla sobre pornografía con la misma seriedad que un astrónomo de nebulosas. “Yo veo las películas con ojo de entomólogo, como si estuviese analizando mariposas o saltamontes”, afirma. Para escribir su libro Solo para adultos, una historia del cine X, vio cerca de 1500 películas, y estima que en 25 años ha visto al menos 3000. Soler es periodista en el gabinete de prensa del departamento de Cultura del Gobierno Autonómico Valenciano. “Soy un gris funcionario, el empleo más convencional del mundo”, dice. Nació en Bogotá, pero vive desde hace varios años en Valencia, España, donde tiene un matrimonio de más de 20 años y tres hijos, “uno de ellos, de 13 años, me dice que soy aficionado al X, porque no soy más que un pobre reprimido nacido en los sesenta que aún no se ha enganchado al sexo a través de las redes sociales”.

Soler ha publicado cerca de 400 textos críticos sobre películas porno, en los que analiza con la máxima seriedad las películas que tienen algún interés argumental o artístico. También escribe de cine convencional, cultura “basura” y arte. “Sin embargo, mi actividad como crítico X es marginal y esporádica, puesto que actualmente hay muy pocas películas dignas de ser analizadas. Los críticos porno somos mal pagos. Como máximo podemos llegar a ganar 200 dólares escribiendo varias críticas al mes en una revista porno”, dice.

En Estados Unidos, el gurú indiscutible del porno es Luke Ford, un judío que escribe desde 1995 del tema y es autor de una de las historias más respetables del género: A History of X. Soler admira a Ford como a Robert Rimmer. En España debe competir con Frank Lasecca, Manuel Valencia, Jordi Costa, Paco Gisbert, Luis Miguel Carmona y Álex Basas. Soler escribe desde hace varios años en la Cartelera Turia, “una publicación impresa al borde de la extinción, pero en esta era de nuevas tecnologías la crítica se ha trasladado a los blogs o a los portales eróticos”, afirma.

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¿Todavía tiene erecciones después de haber visto tanto porno en su vida?

Si bien es verdad que algunas pocas veces se me altera el ritmo cardíaco y me sudan las manos cuando veo alguna escena excitante, hoy en día me pasa poco, porque el cine X es cada vez más previsible y poco imaginativo.

¿Qué se le puede analizar a una película porno, además de la fealdad de sus actores o la verosimilitud de sus gemidos?
Cuando las producciones X se rodaban en 35 milímetros, se tenía encuenta la dirección, el guión, la fotografía, el montaje, la decoración, el vestuario y las interpretaciones. También era fundamental la carga erótica de la historia y la morbosidad de las situaciones. Desde la aparición del vídeo y la hegemonía del subgénero gonzo, cada vez fue más difícil encontrar películas que se pudiesen valorar con criterios cinematográficos. En la era internet solo es posible analizar el porno como reflejo de las perversiones o aberraciones de la sociedad. Y el diagnóstico es aterrador.

Según esto, ¿una buena película porno es en la que el sexo es necesario para el desarrollo de una historia?
Creo que sí, pero mi opinión debe ser tomada casi como una excepción entre los aficionados al X. El actor italiano Rocco Siffredi me decía que en el porno solo buscaba una buena paja. La mayoría del público solo quiere un desahogo onanista y se interesa poco por la calidad artística o narrativa. La excitación sexual en una película con guion no solo se genera a través de la visión de cuerpos desnudos o actos sexuales, sino también a través de situaciones dramáticas excitantes. Los diálogos son fundamentales, pero también que los personajes tengan una cierta profundidad psicológica y sean verosímiles. Por desgracia, eso ya no sucede. En el porno actual, los diálogos son monosilábicos, casi onomatopéyicos.

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Pero así como en el cine convencional hay buenas películas sin historia —Koyaanisqatsi, por ejemplo—, en el porno también debe haber algunas.
Claro, hay buenas películas sin historia o con poco argumento, como la sofisticada Zazel (1995), de Philip Mond, una simple recreación de cuadros oníricos. Tampoco las de Andrew Blake destacan su narrativa, pero su factura técnica es impecable. Él es, sin duda, el mejor director de fotografía del porno. Sus películas son auténticas postales de elegancia y sofisticación.

¿Cuáles son las cinco mejores historias que se han contado en películas porno?
Me quedaría con tres clásicos de Gerard Damiano: El diablo en la señorita Jones (1972), Memories within Miss Aggie (1974) e Historia de Joanna (1975). También con la vanguardista Detrás de la puerta verde (1973), de los hermanos Mitchell. Sin ser una obra maestra, la película europea que más me gusta por su morboso planteamiento argumental es Inferno (2000), del italiano Mario Salieri.

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¿Por qué Gerard Damiano es el mejor director porno de la historia?
Por la complejidad de sus historias, en las que se notan mucho sus orígenes católicos y sus problemas de conciencia. El tema del perdón, el pecado o la salvación del alma están presentes en sus primeras películas, que son las clásicas. Además, Damiano era un director que procedía de la contracultura de Nueva York de los sesenta y tenía unacierta formación cinematográfica y aspiraciones artísticas.

¿Un actor porno podría ser un buen actor de cine?
Sin duda, pero los actores del porno tienen el estigma de la letra X. Marilyn Chambers trabajó con David Cronenberg, y Traci Lords se convirtió en actriz fetiche de John Waters, pero ninguna de las dos consiguió papeles relevantes dentro de Hollywood.

¿Los actores porno tienen sexo en privado como en las películas?
La actividad sexual de los actores en el porno no tiene nada que ver con su vida íntima. Es un trabajo duro, que requiere de una gran resistencia física y de mucho control mental. Se practica el coito en posiciones incómodas y en ocasiones bajo condiciones climatológicas extremas. Los rodajes pueden ser interminables y siempre tienen la responsabilidad angustiosa de conseguir una erección cuando lo exige el director. En su vida personal, los actores están más relajados.

¿Qué hace que una mujer sea una buena actriz porno?

Además de sus atributos físicos, que resulte sensual y convincente, que tenga carisma y personalidad propia. En la actualidad, las actrices se destacan no por sus méritos interpretativos sino por su disposición a ser perforadas por todos sus orificios corporales y soportar todo tipo de vejaciones eróticas.

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¿Cuáles son las cinco mejores actrices porno de la historia?
Si tenemos en cuenta su celebridad y su aportación al X, deberíamos citar a Linda Lovelace, Georgina Spelvin, Marilyn Chambers, Traci Lords y Ginger Lynn. También deberíamos tener en cuenta a Jenna Jameson y Janine Lindemulder. Y entre las europeas, Cicciolina por su carrera política, su notoriedad mediática y su papel de musa del artista norteamericano Jeff Koons.

¿Y qué hace a un hombre un buen actor porno?

Un físico de atleta, un aparato viril de dimensiones notables, una generosa capacidad de eyacular y un perfecto control sobre la erección y la eyaculación.

¿Cuáles son los cinco mejores actores porno de la historia?
Los más legendarios serían John Holmes, Harry Reems, Jamie Gillis, el peludo Ron Jeremy, Tom Byron o Peter North, por su notable capacidad de eyaculación. De Europa destacaría a Rocco Siffredi y a su heredero natural, Nacho Vidal.

¿Por qué los actores porno pueden ser feos, mientras que las actrices tienen que ser despampanantes?
Los actores son meros instrumentos, máquinas sin rostro, mientras que las actrices deben ser guapas y excitantes. El público masculino pocas veces se queda con el rostro del actor, salvo en el caso de ciertas estrellas con una personalidad muy marcada, como Rocco Siffredi, Nacho Vidal o Ron Jeremy.

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¿Por qué las actrices porno tienen sexo con tacones?
Además de estilizar la anatomía, los zapatos de tacón de aguja tienen un componente fetichista al que se le añade un toque de sofisticación. Ninguna actriz copula en chanclas, alpargatas o tenis, salvo queinterprete el papel de una animadora escolar.

¿Qué ha sido lo más raro que ha visto en un rodaje porno?
Hace 15 años, durante el Festival de Cine Erótico de Barcelona, asistí aun rodaje donde la escena culminó con la poderosa eyaculación de un actor francés sobre la boca abierta de una menuda actriz coreana. Me sorprendió que la actriz, sin apenas vestirse y limpiarse el rostro, se fue inmediatamente a comer un sándwich de queso fundido al bar del recinto ferial, como si no hubiese pasado nada. También se tomó medio litro de cerveza. Supongo que tendría sed y mucha hambre.

¿Tiene amigas que sean actrices porno?

Guardo un buen recuerdo de mi relación con la húngara Sophie Evans, la catalana Bibian Noray y la holandesa Zarah Whites, las tres mujeres sensibles e inteligentes.

¿Qué tiene para decirles a las personas que creen que el porno hace que los hombres se conviertan en pervertidos o violadores?
Se entiende que una perversión es una desviación de la norma sexual que previamente debe haber sido fijada por alguien, posiblemente por un sacerdote católico que entiende el sexo como una aburrida y tediosa actividad procreadora y no recreativa. Todos los seres humanos tenemos un cierto grado de perversión, y el porno es para los hombres una válvula de escape a sus sueños eróticos más irrealizables, inconfesablesy perversos. Los pervertidos y los violadores lo son antes de ver porno. El cine X actual solo es culpable de provocar un mortal aburrimiento.

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Pienso que el porno es útil para descubrir qué nos gusta y qué no del sexo. ¿Hasta qué punto el porno puede ser una forma de educación sexual?
Me parece más adecuado que sea en los colegios donde se imparta educación sexual a los adolescentes. Por su inmenso catálogo de posturas gimnásticas de difícil ejecución, el porno puede servir para abrir nuevas fronteras a la vida en pareja, pero también puede provocar dislocaciones, esguinces y lesiones musculares, si se pretende emular a quienes salen en la pantalla.

El director de cine español Luis García Berlanga dice que el erotismo es la pornografía vestida de Dior. ¿Por qué se da entonces esta distinción?

Hay otra definición de García Berlanga que me gusta: “El erotismo es la pornografía vestida de cristiandad”. El novelista Camilo José Cela, por su parte, sostenía que la diferencia es simplemente administrativa. Me gusta la siguiente: “La pornografía es el erotismo de los pobres”. Hay muchas definiciones, pero la que se impone es la administrativa de Cela. El erotismo en el cine es simulación y desnudos vaporosos sin genitalidad, mientras que la pornografía es sexo explícito, penes en erección, vaginas abiertas, eyaculaciones monstruosas, esfínteres en dilatación, etcétera. Fisiología pura. En realidad, la delimitación entre erotismo y pornografía es una cuestión estrictamente personal, pero detrás tenemos a los gobiernos que promulgan leyes para distinguir el erotismo de la pornografía, según la cultura y las creencias religiosas imperantes en cada país. En Japón, por ejemplo, el vello púbico se censura electrónicamente en las producciones X porque se considera tabú. Y no hablemos ya de Afganistán, donde la visión de una mano o un pie femeninos seguramente son considerados como pornografía pura y dura.

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En la era de internet y las cámaras de los celulares hay una producción incesante de pornografía. Así las cosas, ¿cuál cree que será el futuro del porno?
Ignoro cómo podrá sobrevivir la industria pornográfica convencional del video X en esta nueva etapa. Ya no tienen sentido las fastuosas producciones de Vivid de los noventa, puesto que no son rentables. Ahora, el porno no se consume por películas de 90 minutos que cuentan una historia, sino por escenas de media hora que desarrollan de forma muy elemental un tema o una fijación erótica: la visita del repartidor de pizza, la colegiala que practica la felación en un autobús, la consulta de un médico que realiza prospecciones ginecológicas, el carcelero que abusa de una prisionera. Además, hace tan solo diez años, el porno se convirtió en una espiral de perversiones inimaginables, como la de diez negros eyaculando sobre la cara de una actriz, los besos negros, los gang bang multitudinarios o las producciones protagonizadas por actrices de obesidad mórbida. Se convirtió en un espectáculo circense, digno del Marqués de Sade. El novelista David Foster Wallace auguró que el límite del porno serían las películas snuff, el macabro género criminal sobre asesinatos y muerte en directo. No se equivocó, puesto que la violencia y la humillación erótica se han instalado en el porno como un subgénero más. Lo único positivo de internet es que el público ya no está sometido a la tiranía estética del modelo de rubia californiana siliconada de las producciones norteamericanas de los ochenta y los noventa, aunque siga siendo muy popular. Ahora, los consumidores pueden encontrar actrices con poco pecho, flacas, muy gordas o de cualquier raza.

¿Cuál cree que será el próximo país en surgir como potencia pornográfica?

Debo suponer que Estados Unidos seguirá siendo el mayor distribuidor de contenidos X a través de internet. Y cuando el Comité Central del Partido Comunista Chino decida que la pornografía es revolucionaria, es decir, un negocio rentable, China puede convertirse en la gran potencia mundial del X, como está sucediendo en otros sectores productivos. Solo con abastecer su mercado nacional puede superar en producción e ingresosa cualquier país del mundo.

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¿Qué le pasa al porno en Latinoamérica? ¿Por qué no despega?
Es una cuestión de grado de desarrollo económico y tecnológico, pero también de peso de la moral católica imperante en muchos países latinoamericanos. Posiblemente, Brasil pueda ser una potencia pornográfica por su alto nivel de crecimiento económico y su demografía.

Si pudiera armar su novia ideal con actrices porno, ¿qué tomaría de quién?
Mi actriz porno ideal sería un híbrido entre la poderosa Tracey Adams, retirada en 1992, y la veterana Julia Ann, que sigue en activo a sus 43 años gracias a la popularidad del subgénero MILF, es decir, el de señoras maduras. Me gustan las mujeres neumáticas con generosos perímetros pectorales, como Lisa Sparxxx, Brandy Talore, Carolyn Monroe, Holly Body, Monica Roccaforte o Lisa Ann. Esta fijación mamaria podría explicarse por algún trauma infantil derivado de mi etapa lactante. No me interesan las actrices escuálidas y de rostro adolescente que protagonizan el subgénero teen o barely legal.

           
 

¿Qué películas ha visto del porno colombiano?
Muy pocas, porque la emergencia de una industria pornográfica en Colombia es relativamente reciente y su consolidación coincide con la muerte del cine X y la eclosión de internet. Me llama más la atención el interés que sienten las productoras X de Europa y Estados Unidos por buscar actrices colombianas. Por su densidad demográfica, Colombia podría ser como Hungría en los noventa y en la década pasada, una auténtica cantera de actrices jóvenes y sin prejuicios.

¿Ha visto las actuaciones de Franceska Jaimes y Esperanza Gómez?
Conozco a Franceska mucho antes de haber visto sus películas y me impactó ver a una mujer que conoces y aprecias realizando ciertas prácticas sexuales muy osadas en una película X. Si decide proseguir con su carrera, Franceska tiene mucho futuro en el X, porque tiene talento, es hermosa y se atreve con todo, como Esperanza Gómez, que también es una actriz notable. Ambas ya son estrellas dentro del género “latinas”.


http://www.soho.com.co/zona-cronica/articulo/el-mejor-critico-de-cine-porno-se-destapa/30867
http://happynakedpeoplehavingfun.blogspot.com.ar/2013/08/from-porn-to-erotica-and-beyond-history.html
http://sharkjabez.blogspot.com.ar/2014/01/patricia-rhomberg-first-queen-of.html
http://smutwardho.blogspot.com.ar/search/label/OST%20Sexploitation
http://bailedemodelos.blogspot.com.ar/2012/02/xix-erotica.html
http://lacosasepusopeluda.blogspot.com.ar/2012/04/hungria-14-de-enero-de-1978-monica.html
http://nopsp.blogspot.com.ar/
http://vintage-porn-erotica.blogspot.com.ar/
http://www.lukeisback.com/the-archives/
http://www.semana.com/gente/articulo/mirar-pero-no-tocar/41449-3
http://yaerahoraenlaradio.blogspot.com.ar/2011/03/larga-vida-al-porno.html

Entrevistas: Cicciolina (2006)

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